Realismo Periférico en tiempos de multipolaridad: Colombia frente al ascenso de China
Realismo Periférico en tiempos de multipolaridad: Colombia frente al ascenso de China
Realizado por: Ivanna Espejo Sánchez y Mateo Cañas Herrera.
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Resumen
El ascenso de China ha reconfigurado el escenario global y, con eso, la situación de América Latina. Bajo este contexto, Colombia enfrenta el reto de diversificar su política exterior sin deteriorar su relación estratégica con Estados Unidos. Este policy brief analiza las limitaciones del Realismo Periférico en un sistema multipolar y propone una estrategia llamada “doctrina de modulación multivectorial”, basada en pragmatismo económico, diversificación de socios y autonomía estratégica flexible.
A partir de la tradición en política exterior y sus oportunidades de diversificación estratégica, se concluye que Colombia debe fortalecer su relación económica, tecnológica y comercial con China, mientras mantiene cooperación política y de seguridad con Estados Unidos, evitando dependencias unilaterales y priorizando sus objetivos nacionales de desarrollo.
Introducción
El presente policy brief construye una base sólida para responder al interrogante ¿Cómo puede Colombia aplicar principios del Realismo Periférico para maximizar sus intereses frente al ascenso geopolítico y comercial de China? Para ello, pretendemos analizar críticamente la teoría del realismo periférico y evaluar su aplicación en el caso colombiano frente al ascenso de china como potencia emergente.
Premisas del Realismo Periférico
El realismo periférico, desarrollado por Carlos Escudé a inicios de la década de los 90, es una teoría de política exterior pensada desde la posición de los Estados periféricos en el sistema internacional. La “periferia” hace referencia a países con capacidades limitadas, alta dependencia y baja relevancia estratégica para las grandes potencias. Esto restringe su margen de acción y aumenta los costos de cualquier confrontación. Esta teoría se fundamenta bajo una serie de premisas que redefinen el comportamiento racional de los Estados periféricos dentro del sistema internacional. En primer lugar, parte de la idea de que el orden global es jerárquico en tanto es compuesto por Estados que imponen reglas, otros que las siguen y algunos que intentan resistirlas, lo que genera asimetrías estructurales de poder (Escudé, 1992). En este contexto, los Estados periféricos carecen de capacidad real para alterar las reglas del sistema y enfrentan costos elevados cuando desafían a las grandes potencias.
En segundo lugar, la teoría establece que el interés nacional de estos Estados debe definirse prioritariamente en términos de desarrollo económico y bienestar de la población, antes que en objetivos de poder político-militar. (Escudé, 1992). Desde esta perspectiva, la política exterior debe orientarse a maximizar beneficios materiales, atraer inversión y reducir riesgos, bajo un criterio claramente pragmático y utilitarista. En consecuencia, el uso de la fuerza militar pierde centralidad y es reemplazado por instrumentos económicos y comerciales como ejes de la acción internacional.
Una tercera premisa clave es, sin duda, la redefinición del concepto de autonomía. Para Escudé, la autonomía no debe entenderse como la capacidad de actuar de manera independiente, sino como una variable condicionada por los costos de confrontación. En este sentido, ejercer autonomía frente a una potencia resulta irracional si implica perjuicios económicos o políticos significativos (Brizuela, 2012). Por ello, el realismo periférico propone una “autonomía restringida”, basada en la toma de decisiones estratégicas que eviten conflictos innecesarios y favorezcan el desarrollo interno. En suma, el Realismo Periférico propone una política exterior pragmática, económicamente orientada y estratégicamente adaptada a las limitaciones estructurales de los Estados periféricos.
Limitaciones del Realismo Periférico ante el ascenso de China
En sus inicios, el desarrollo de la teoría se reducía a un sistema internacional unipolar, donde Estados Unidos ejercía una hegemonía incuestionable y altamente influyente sobre Latinoamérica. El ascenso de China, sin embargo, ha transformado el equilibrio de poder global y regional. China no solo es un actor económico crucial, sino que se ha convertido en una alternativa política y diplomática para América Latina. La limitación central se fundamenta en que, grosso modo, la teoría puede llevar a pensar que la única estrategia racional es acomodarse al poder predominante. Pero el ascenso chino muestra que la periferia ya no enfrenta un solo centro, sino varios polos con intereses distintos. En ese escenario, la política exterior no debería limitarse a evitar conflictos, sino a diversificar vínculos para ampliar autonomía material.
Es importante mencionar que China era considerado un país periférico. Esto se vio durante el período de las confrontaciones sistemáticas de China con las grandes potencias, en donde Occidente ejerció represalias como por ejemplo el reconocimiento prolongado de Taiwán como representante de la China en la ONU, perpetuando su lógica periférica (Escudé, 2012). Sin embargo, Deng Xiaoping, el máximo líder de la República Popular China desde 1978 hasta 1992, en su búsqueda de modernización del país sentó las bases de una doctrina de realismo periférico conocida como "el Principio Directriz de Veinticuatro Caracteres". Su doctrina consistía en seis recomendaciones puntuales:
- Observar los acontecimientos internacionales con calma,
- Ser firme.
- Enfrentar las dificultades con confianza,
- Mantener un perfil bajo.
- Nunca asumir un papel de liderazgo, y
- Si las circunstancias internacionales lo exigen, entrar en acción
La estrategia consistía en que China ejerciera una participación sumamente discreta en la política internacional, de modo que no se generaran tensiones con EE. UU. Así, el país pretendía beneficiarse de una proyectada era de paz global para concentrarse en su propio despegue económico. No obstante, a pesar de que durante sus primeras décadas de apertura China mantuvo una estrategia prudente y pragmática, su rápido crecimiento económico transformó su posición dentro del sistema internacional y dio paso a su posterior consolidación como potencia global, lo que la llevó a desarrollar una política exterior más activa, orientada a garantizar acceso a recursos estratégicos, nuevos mercados y seguridad energética.
Lo anterior es fundamentalmente importante porque nos permite entender que, si bien era un país periférico, ya no lo es, y que su estrategia para salir de la periferia fue una estrategia de realismo periférico (Escudé, 2011). La experiencia china suele ser presentada como uno de los casos más exitosos de aplicación del realismo periférico, en la medida en que logró transformar su posición en el sistema internacional mediante una estrategia gradual, pragmática y orientada al desarrollo económico. Sin embargo, es conveniente aclarar que este éxito no puede explicarse únicamente por su política exterior, sino que responde de manera decisiva a las características internas de su sistema político. En particular, el modelo chino se ha sustentado en un régimen altamente centralizado y autoritario, que ha permitido la implementación de políticas de largo plazo sin las restricciones propias de sistemas democráticos, en donde la población es consultada y puede protestar en caso de inconformidad. De esta manera se ha garantizado, en buena medida coherencia estratégica, disciplina institucional y continuidad en los objetivos nacionales.
Su organización interna le otorgó a China un margen de maniobra excepcional para gestionar su inserción internacional, evitando presiones internas, ciclos políticos cortos o cambios abruptos en la orientación de su política exterior. La posibilidad de mantener una estrategia sostenida durante décadas, incluso en contextos de transformación global, fue una condición clave para su tránsito exitoso desde la periferia hacia el centro del sistema internacional.
No obstante, estas condiciones no son replicables en el caso colombiano. A diferencia de China, Colombia se estructura como un sistema democrático con pluralidad política, división de poderes y mecanismos de control institucional que limitan la concentración del poder y reducen la capacidad de implementar estrategias altamente centralizadas en el largo plazo. Lejos de ser una debilidad, estas características constituyen un elemento importante de estabilidad y legitimidad en el contexto latinoamericano. De hecho, la evidencia histórica en América Latina muestra que intentos de replicar esquemas de alta concentración de poder o regímenes autoritarios no han derivado en trayectorias exitosas de desarrollo sostenido, sino que, por el contrario, han generado crisis institucionales, inestabilidad política y retrocesos económicos. En este sentido, la imposibilidad de replicar el modelo chino no solo responde a limitaciones estructurales, sino que también puede interpretarse como una ventaja normativa y política para Colombia.
Tradición en la política exterior colombiana
Ahora bien, la política exterior colombiana se ha ejecutado en el marco de una larga tradición con Estados Unidos, como su principal aliado. Es a partir de la transformación de la arena internacional, tras la segunda guerra mundial, donde Colombia afianza su irrestricta alianza con los Estados Unidos, cimentando su política exterior en el “Réspice Polum” (mirar hacia el norte) propuesto por Marco Fidel Suarez en la década de los años 20 (Gonzales et Al, 2015). No obstante, el orden del mundo enfrenta una reorganización que amenaza el actual statu quo con el crecimiento de China durante los últimos años. Esta rearticulación internacional responde a profundas transformaciones internas de larga duración, especialmente de apertura económica, reforma estructural y su integración al mercado mundial (Merino, et al, 2021). Desde esta lectura, China es un indudable socio comercial, pero también es fuente de inversión, financiamiento, demanda de materias primas y competencia estratégica en un escenario de transición del orden mundial.
Con el objetivo de ilustrar la creciente importancia del grande asiático y explicar el desarrollo histórico que han tenido las relaciones China-Latinoamérica, es pertinente aterrizar en ña discusión las tres fases expuestas por Carol Wise (2022) que permiten comprender con facilidad la evolución que han tenido. El periodo de 1949 a 1978 estuvo marcado por una búsqueda de vínculos políticos y comerciales iniciales con América Latina, aunque en un contexto de limitada capacidad del global asiático. La segunda fase, de 1979 a 2000, coincide con la reforma y apertura de China y a los cambios económicos y políticos en América Latina, pero aún sin la intensidad actual de la relación. La tercera fase, iniciada en 2001 con la entrada de China a la OMC, es la que realmente explica la aceleración del vínculo con América Latina: aumentó la demanda china de materias primas, creció el comercio, se expandieron las inversiones y se fortaleció la presencia diplomática y financiera de Pekín en la región.
Implicaciones para Colombia
En la actualidad, Colombia enfrenta el reto de equilibrar sus intereses económicos y estratégicos en un entorno internacional cada vez más competitivo. Mientras que la relación con China ofrece oportunidades concretas en materia de inversión, infraestructura e innovación tecnológica, el vínculo con Estados Unidos continúa siendo central en términos de tradición incluyendo agenda de seguridad, cooperación institucional y estabilidad política. Según AP News, China oscila entre el segundo y cuarto destino de las exportaciones colombianas y es el segundo origen de las importaciones que hace el país sudamericano. Este escenario obliga al país a diseñar una política exterior coherente que evite dependencias unilaterales y permita maximizar los beneficios derivados de ambas relaciones.
La estrategia de Colombia no debe limitarse a un alineamiento automático con Estados Unidos, sino adoptar una lógica de pragmatismo económico y comercial, sin renunciar a la cooperación con China especialmente en temas de comercio, tecnología desarrollo, innovación e infraestructura. Los casos recientes muestran cómo Brasil, en el marco de los BRICS, ha buscado una autonomía estratégica con una relación pragmática con ambas potencias (Burges, 2017); Argentina ha oscilado entre deuda con China y ajustes con el FMI (Ray, R., & Gallagher, K. P., 2019), mientras Chile ha usado un pragmatismo económico, diversificando exportaciones a China- (Rosales , O., & Kuwayama, M., 2012)
En el caso colombiano, el giro hacia China se evidencia en proyectos como la participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, así como acuerdos comerciales en sectores como comercio y tecnología. Respecto a la primera, no debe entenderse únicamente como un mecanismo de inversión económica, sino también como una estrategia de proyección geopolítica mediante la cual China ha fortalecido su presencia global a través de infraestructura, financiamiento y conectividad comercial. Esto representa para Colombia una oportunidad de diversificación económica y acceso a nuevas fuentes de inversión, pero también plantea desafíos en términos de autonomía estratégica y dependencia externa. Desde la perspectiva del Realismo Periférico, Colombia podría aprovechar esta relación de manera pragmática, buscando maximizar beneficios económicos sin comprometer sus vínculos históricos y de cooperación política con Estados Unidos.
La pregunta, entonces, ya no es solo cómo evitar costos frente a una potencia hegemónica, sino cómo maniobrar en una relación multipolar entre Estados Unidos, China y la propia agenda de desarrollo nacional. En ese sentido, el ascenso chino obliga a pasar de un realismo periférico defensivo a uno flexible, diversificado, adaptado a la multipolaridad y teniendo en cuenta la particularidad del caso colombiano.
Bajo esta lógica, el desafío para Colombia no radica en replicar modelos externos ni en optar por un alineamiento exclusivo, sino en maximizar sus intereses nacionales a partir de una estrategia flexible. La relación con China representa una oportunidad clave para diversificar socios en Asia, atraer inversión y fortalecer sectores estratégicos, mientras que la relación con Estados Unidos continúa siendo fundamental en términos de seguridad, cooperación institucional y estabilidad. En consecuencia, la política exterior colombiana debe orientarse a aprovechar simultáneamente ambas relaciones, alineándolas con sus objetivos de desarrollo y autonomía.
Recomendaciones
En función del análisis desarrollado, se propone la adopción de una Doctrina de Modulación Multivectorial (DMM) para la política exterior colombiana. Esta doctrina, de carácter pragmático y flexible, busca articular de manera estratégica las relaciones con múltiples centros de poder global, particularmente Estados Unidos y China, maximizando beneficios económicos, políticos y tecnológicos sin comprometer la autonomía nacional. A continuación, se presentan los lineamientos clave para su implementación:
- Reforzar la cooperación económica con China, aprovechando oportunidades en infraestructura y tecnología. Colombia debe profundizar su relación con China en sectores como infraestructura, energías renovables, transición digital y conectividad, priorizando proyectos con transferencia tecnológica y generación de capacidades locales. Esto puede materializarse mediante la participación selectiva en iniciativas como la Franja y la Ruta, la negociación de acuerdos sectoriales específicos y la creación de mecanismos de evaluación de inversiones que garanticen beneficios a largo plazo. Es clave evitar una dependencia pasiva, orientando la relación hacia esquemas de ganancia mutua con control estatal, donde el Estado colombiano defina sectores prioritarios y condiciones de cooperación.
- Mantener un pragmatismo diplomático con EE. UU., evitando confrontación directa, pero sin renunciar a una diversificación activa de socios. Esta actualización debe incluir la creación de foros regionales de negociación, así como el fortalecimiento de cadenas productivas locales, reduciendo la dependencia de las exportaciones primarias. Solo de esta manera, Colombia podrá aprovechar la ventana de oportunidad que ofrece la rivalidad entre potencias sin quedar atrapada en una sola dependencia.
- Diseñar lineamientos de política exterior basados en criterios pragmáticos y sostenibles, que puedan ser implementados por gobiernos de cualquier orientación política. Para garantizar la sostenibilidad de esta doctrina, es fundamental que la modulación multivectorial se configure como una estrategia de Estado y no de gobierno. En este sentido, debe adoptar un enfoque de “no alineación pragmática”, que permita su continuidad independientemente de la orientación ideológica (izquierda o derecha) de las administraciones. Esto implica establecer lineamientos claros, técnicos y estables que prioricen el interés nacional sobre afinidades políticas, asegurando coherencia y previsibilidad en la política exterior colombiana.
Bibliografía
Associated Press. (2025, mayo 14). Colombia entra a la iniciativa de la Franja y la Ruta al firmar plan de cooperación con China. AP News. https://apnews.com/article/colombia-china-plan-cooperacion-franja-ruta-37715ea08177e9db1646a8b59547832a
Burges, S. W. (2017). Brazil in the World: The International Relations of a South American Giant. Manchester University Press.
Escudé, C. (2012). El realismo periférico (RP) y su relevancia teórica ante el ascenso de China. Desarrollo Económico, 51(204), 529–.
Gonzáles, R., Galeano, H. & Trejos, L. (2015). Estados Unidos en la política exterior colombiana: ¿aliado incondicional?, Económicas CUC, 36 (1), 43-56
Merino, G et al. (2021). El ascenso de China desde una mirada histórica. Cuaderno 2. China en el desorden mundial https://thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/
Ray, R., & Gallagher, K. P. (2019). China-Latin America Economic Bulletin. Boston University
Rosales, O., & Kuwayama, M. (2012). China y América Latina: Hacia una relación económica y comercial estratégica. CEPAL
Rubbi, L. N., & Battaleme, J. E. (2022). Críticas, respuestas y algunos aportes al realismo periférico. Perspectivas Revista de Ciencias Sociales, 7(14), 249–282.
Wise, C. (2022). Tres fases de las relaciones entre China y América Latina, 1949-2022. Centro de estudios sobre China y Asia Pacífico Universidad del Pacífico