Los lápices siguen escribiendo: Uno de los ejemplos de la resiliencia Latinoamericana
Los lápices siguen escribiendo: Uno de los ejemplos de la resiliencia Latinoamericana
Laura Valentina Uparela Castro
Relaciones Internacionales y Economía
Universidad del Rosario
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Mariana Cifuentes Hurtado
Relaciones Internacionales y Gestión y Desarrollo Urbanos
Universidad del Rosario
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Mariangel Velásquez Martinez
Relaciones Internacionales
Universidad del Rosario
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Introducción
Este trabajo es el resultado de un escrito estilo blog realizado para la asignatura Estudio de Área 1: América Latina y el Caribe. Tal como su nombre indica trata de analizar, desde las relaciones internacionales, las diversas problemáticas que aquejan hoy en día y han afectado históricamente a la región. De esta manera, hemos tratado temas que van desde la construcción de una identidad latinoamericana, colonialismo, geopolítica crítica, música como forma de resistencia y realismo periférico, entre otros.
En el marco del tema de la identidad latinoamericana, profundizamos en los traumas que tenemos como región con el eje orientador de las dictaduras, características de la segunda mitad del siglo XX, producto de las tensiones en el sistema internacional. Así, este producto nace como una reflexión acerca de la película argentina “La noche de los lápices”, estrenada en 1986, relata los hechos sucedidos con el mismo nombre según los testimonios del único sobreviviente: Pablo Diaz.
Los elementos desarrollados fueron: la dimensión internacional, debido a la influencia de Estados Unidos con el Plan Condor; conceptos estudiados en clase, como la identidad latinoamericana, y el enfoque de género; conceptos provenientes de otras cátedras, en este caso, de Teoría del Estado con el pensamiento de Foucault y Althusser; y, reflexiones sobre el pensamiento de los jóvenes y su comportamiento frente a las dinámicas de poder.
Argentina 1976:
La historia latinoamericana está llena de sucesos dictatoriales, unos más violentos y represivos que otros. El caso de la dictadura de Videla en Argentina, sin duda, fue uno de los más organizados de la región. “Proceso de Reorganización Nacional”: así se denominó oficialmente al régimen militar instaurado tras el golpe del 24 de marzo de 1976. Para llevar a cabo esa reorganización, se debía cortar de raíz todo aquello que pusiera en riesgo el orden y los ideales del estadista. En nombre de ese proceso se segaron muchas vidas inocentes; tal fue el caso de los jóvenes involucrados en la Noche de los Lápices (16 de septiembre de 1976).
Jóvenes que tan solo protestaban por obtener un bono de transporte para poder ir a estudiar. Jóvenes que demostraron no ser parte de ninguna alianza contra el régimen ni tener intenciones de levantarse contra este. 144 jóvenes de secundarias públicas fueron desaparecidos, torturados y muy pocos vivieron para contarlo. Acá es donde nace la pregunta ¿Por qué siguieron luchando? ¿Es acaso la resiliencia, la virtud que nos une como región?
Impulsados por el norte:
La resistencia contra la represión ha sido causa de muchas tristezas y alegrías en el continente. Tristeza por las miles de vidas perdidas en la lucha y alegría por la liberación de estos sistemas que buscaban silenciar nuestra voz. Resulta curioso reflexionar sobre los orígenes de estos regímenes y darnos cuenta de que quienes nos controlaban también eran controlados. Tal es el caso del Plan Cóndor, una campaña de represión y terrorismo de Estado implementada por las dictaduras de Sudamérica en los años setenta y ochenta, con el apoyo de Estados Unidos. Fue ideada por las cúpulas de los regímenes y sus servicios secretos que, alentados por Washington, llevaron a cabo torturas, asesinatos y desapariciones forzadas, entre otros crímenes. Al financiar a estos regímenes y brindarles ayuda militar, Estados Unidos se encargó de esparcir sus ideales entre los dictadores de la época, sin prever que lo más fuerte que tiene una persona es su voz y que todas estas campañas solo lograrían la construcción de un pueblo más unido y resiliente.
Resistencia, represión y biopoder
Si tuviéramos que describir la película en tres palabras, estas serían: resistencia, represión y biopoder. El punto de resistencia y juventud se desarrollará posteriormente en el blog, pero es clara la relación entre cómo la manera de un Estado represivo de responder a la resistencia es la represión. Para profundizar en este último término, se hace útil acuñar el concepto de biopoder, planteado por el filósofo francés Michel Foucault, puesto que, las torturas físicas y psicológicas impartidas a los jóvenes en La Noche de los Lápices, demuestra una violencia ejercida sobre los cuerpos para acabar con la resistencia. Foucault nos diría que son sistemas encargados de moldear al individuo “anormal” para poder integrarlo a la sociedad de manera “normal”. (Foucault, 2007, p. 15-16)
De esta manera, las torturas tanto físicas como psicológicas a Pablo Díaz, narrador de la historia, no fueron con el fin de matarlo, sino con el fin de hacerlo sufrir, de hacerlo sentir las consecuencias de oponerse al régimen, en pocas palabras, de disciplinarlo. Esto es lo que llamaría Foucault “poder productivo” para ejercer control y disciplinar a los cuerpos hasta el punto de que estos no necesitan que los vigilen, sino que ellos mismos ejercen la disciplina (Foucault, 1975), caso esperado al pasar a Pablo al sistema judicial ordinario.
Si queremos continuar rescatando a teóricos sociales y políticos, podríamos hablar de Althusser y su tesis acerca de los aparatos ideológicos del Estado. El francés plantea el Estado como una institución represiva que permite a las clases dominantes mantener la subyugación de la población (Althusser, 1988). Y, aunque esta tesis fue planteada con un enfoque neomarxista de otras clases de construcción de Estado, es útil para explicar la función de las instituciones en los contextos de dictadura como un aparato represivo que responden a una determinada ideología.
Por otro lado, no podernos olvidar el enfoque de género cuando, desde nuestro punto de vista, el personaje más influyente de la película es una mujer: Claudia Falcone. Lastimosamente, en este contexto se traen a colación los personajes femeninos para exponer la situación diferenciada en la que nos encontramos por nuestro género. A diferencia de sus compañeros, parte de su tortura, y la de las demás mujeres, fue ser violadas. La violencia sexual como arma de guerra y manera de disciplinar los cuerpos femeninos es un caso recurrente no solo en la película, sino en muchos contextos tanto históricos como actuales. La ONU el 14 de agosto de este año, publicó una nota con respecto a esto, en zonas de guerra en Gaza, Ucrania, RDC, Sudán del Sur y más, existe un aumento alarmante de violencia sexual. Y, aunque son contextos absolutamente distintos, se basan en el mismo precepto de permitir la dominación y subyugación por medio del “disciplinamiento” de los cuerpos. La lógica es clara: quien manda sobre la población ejerciendo el papel de Estado, según Althusser, manda y disciplina los cuerpos como nos diría Foucault.
El aguante: ¿Cura o perpetuación del trauma?

América Latina es una región marcada por múltiples “traumas” históricos y sociales que han configurado la imagen que hoy tenemos de ella: un territorio atravesado por la violencia, con altos niveles de desigualdad y conflictividad, pero también dotado de ese realismo mágico que la caracteriza y que convive con sus contradicciones. América Latina es una región vasta y profundamente rica en recursos naturales, pero que históricamente ha sido empobrecida en términos políticos, culturales y tecnológicos, lo que ha limitado su capacidad de aprovechar plenamente ese potencial. Ahora bien, las dictaduras latinoamericanas, por ejemplo, constituyen una representación clara de esos traumas colectivos que, incluso hoy en día, la región sigue intentando superar. En este marco, los jóvenes han sido, históricamente, símbolo de cambio y portadores de la esperanza de un futuro distinto. La juventud representa una etapa de transición, crecimiento y potencial, marcada por la construcción de la identidad, la búsqueda de metas y la adquisición de responsabilidades. Por esta razón, los jóvenes son vistos como motores del cambio, impulsados por su “espíritu rebelde”.
Entonces los jóvenes...
Si se revisa la historia, los jóvenes han sido impulsores decisivos del cambio social y político en América Latina. Basta recordar episodios como la Noche de los Lápices en Argentina (1976) o la Masacre de Tlatelolco en México (1968), donde la juventud organizada se convirtió en blanco de la represión estatal por atreverse a cuestionar el orden establecido. Lo anterior demuestra una vez más la idea de la juventud como amiga del cambio. ¿Qué joven no ha escuchado alguna vez la frase: “¿Estudien, porque serán los próximos dirigentes del país”?
Sin embargo, estas luchas se desarrollan en el marco del “aguante”, dentro de una cultura donde la violencia, la desigualdad y la explotación se han naturalizado como parte de la vida cotidiana. Ese aguante, lejos de impulsar una verdadera transformación, suele silenciar el dolor y frenar las posibilidades de un cambio profundo. En este contexto, atacar a los jóvenes no solo busca acallar a quienes protestan, sino también quebrar la moral colectiva y detener cualquier intento real de transformación. Aquí surge la tensión entre aguantar y ser resilientes: el aguante puede perpetuar los traumas al convertir la resistencia en resignación, mientras que la resiliencia resulta transformadora, porque convierte el dolor en acción y memoria.

Ahora bien, cabe preguntarse si esta percepción de cambio y transformación asociada a los jóvenes corresponde realmente a su realidad actualmente. Como generación, sentimos que la idea de construcción y renovación se ha fracturado. En décadas pasadas, la juventud se vinculaba de manera casi natural con la rebeldía, portar la camiseta del Che o cantar rock argentino eran símbolos de una identidad revolucionaria. Hoy, en cambio, los jóvenes no son plenamente conscientes de las dinámicas de poder en las que están envueltos, lo perciben como algo lejano o simplemente no les genera interés. Su desinterés o desconocimiento terminan reproduciendo discursos y prácticas de violencia sin advertirlo... Estamos asistiendo a un retorno de sensibilidades conservadoras, donde la noción misma de cambio genera temor y rechazo. Este escenario ha abierto espacio a gobiernos autoritarios que concentran el poder y restringen la participación ciudadana, debilitando así la capacidad transformadora que alguna vez se identificó con la juventud. En este contexto, la pregunta persiste: ¿es el joven contemporáneo un auténtico agente de transformación?

Referencias:
Althusser, L. (1988). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan. Nueva Visión. (Obra original publicada en 1970).
Foucault, M. (2007). Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France (1977-1978) (H. Pons, Trad.; 2da ed.). Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores.
Sánchez, K. (2021). Manifestantes en Colombia durante el Paro Nacional, protestas contra el gobierno [Fotografía]. Voice of America (VOA). https://www.vozdeamerica.com/a/america-latina_papel-jovenes-protestas-colombia-movimiento-estudiantil-juvenil-social/6073710.html
La República. (2023, 31 de enero). Los países de América Latina presentan mayores desigualdades socioeconómicas [Foto: composición Fabrizio O./LR/AFP/EFE]. [Imagen]. https://larepublica.pe/mundo/2023/01/31/protestas-en-america-latina-que-medidas-tomaron-los-paises-calmar-las-marchas-masivas-peru-chile-ecuador-colombia-180438
Pederneiras, J. L. (1978). Serú Girán, portada del álbum homónimo [Fotografía]. Buenos Aires, Argentina: SG Discos.